A veces no se si es mejor la cura o el remedio, aunque adolescente mas de una vez inventábamos peleas con nuestros seres inseparables para no tener que extrañarlos luego y terminar comprendiendo lo inútil de esto, ya que se convertía en un problema, el problema de remediar esa absurda cura, tolerar la burla de un padre orgulloso, el abrazo de una madre devota, las ganas de un hermano por saber de tu vida, y pelearte como hermano que es, o reír y llorar contigo, pero todo a la vez.
A veces llegan días calmos, momentos tranquilos y placenteros, como la imagen de una fotografía, como la fotografía en que sostenido por mis brazos, mi sobrino aun era un bebe, y que no se sabia que alguien tan pequeño fuera capaz con solo el brillo de su mirada hacerte tan feliz, como el verdadero milagro, como lo que es.
A veces una sonrisa obra milagros, y una sola palabra despabila, sentir la caricia de unas manos, o el beso de un amante si fuera necesario, correr por una calle o caminar sobre una orilla, ver las montañas o sentir el frío del invierno, y hacer angelitos sobre la nieve, como jugar, como lo que hoy tanto me gustaría, lleno de una plaza con columpios y dejar de ser mayor, dejar de ser adulto, entregarme por completo al descansado domingo, y animarme en mi vergüenza si de casualidad a todo esto, ¿ tendrías algún momento, para jugar conmigo?.