Producir el nacimiento de las diferencias que simplemente pasan de tiempo, seria ideal, como saber que la vejez llega y la juventud es solo eso, donde quiera que este, que se presente o se halla ido, caminar por las tardes, tomarse de las manos, y ser, la fabula preferida que la avaricia imprudente no comprenderá jamás, que se toca porque se quiere, que se toca cuando se quiere, y no, cuando se puede, que porque si, es una razón porque se siente, y la locura, no es locura hasta el fin de la nada y en realidad, no tendrá siempre importancia.
Los gustosos recuerdos, cosas felices, felices momentos, risas, sonrisas, verdes prados, cabellos oscuros, cabellos rubios tal vez con olor a manzanas, dorados y brillos, algunos abrazos, algunos nombres, alguna cercanía a la boca, Poseidón y bondad robada, y un poco de orgullo lleno de abismos, de mentiras y verdades, y del día que comenzaron a quererse, aquellos cuyo reflejo no se hallaba en sus espejos y ya nada pudo con su compasión y su virtud, y se adornaron al fin en cubrecamas de pieles a las tres de la tarde como la concepción de un hijo.
Extrañar, siempre seguir extrañando lo necesario del llanto en su mayor ironía, de no lograr hacerlo por vivir, en lugar de sobrevivir en el intento, el deseo sin muerte ni penumbras de la nueva y dulce agonía en el placer, en lo que serían canciones en el vientre, la dulce voz, del sur, hacia el sur como canela y verano sobre un girasol, sobre un velero de luna nueva saber, tal vez… cierta incertidumbre.