…Y de noche, tuve diferentes
nombres, aunque en ninguno de ellos, tuve amor. Había caminado mucho tiempo
entre el olvido de “lo que no se habla” y de “lo que quería decir”, inclusive
mi rostro se modificaba entre el paso del tiempo y mi arrogancia, como aquella
vez en que lo había perdido todo por conservar mis tabúes y ya siempre lo
recordaría en cualquier momento donde se presentara la duda, y aunque no lo
necesitara, permanecería ausente resguardándome de opciones, nada especial,
aunque así lo pareciera en el resto de mi piel, de las ciudades… “luminosas”.
A veces, estaba demás según mi
otro yo, puesto que gustaba de volar al ras de las situaciones embarazosas, e
inclusive, mas de una vez golpee mi rostro contra mas de una pared, y gracias a
las circunstancias, sin ningún borde filoso que profundizara la herida en el
delicado velo de las vanidades, pero que se le iba a hacer, si la noche
siguiente me ampararía cuando nadie lo recordara diciendo: - “No era yo”-, de
modo que perfumaba mis falsas penas, y me llenaba nuevamente de grandes
propuestas sin concretar, así, sin detenerme hasta el agotado cansancio de la
terquedad absoluta.
Nunca me dije: -Mejor me voy-,
tan solo me pedía perdón luego de suceder lo insucedible, y tal vez, se debía a
mi joven intento de no caer desde algún abismo cuando en realidad, ya me había
sucedido hacia algún tiempo, sin ayuda de nadie y con mis propias palabras
correctas, y de tanto abrazarme a las baldosas del suelo, poéticamente
hablando, no lo note, pero la mentira, ya poseía casi mi estatura.
La furia para ese entonces era
muy profunda, no puedo explicar porque, aunque encerrada entre los sentimientos
no compartidos, y superando a cualquier enfermedad mental o física, ya no logré
recordarlo; de ese modo y por ese mismo motivo como causa y efecto, lo cambie
todo, me asumí estúpido y frágil, y solo cuando pude escupir el propio egoísmo,
envolví de lunas llenas mis ojos, y ya no Salí sino, con mi verdadero nombre.
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